Tengo un vago recuerdo de mi abuelo Luján, que murió en el 75. Yo entonces tenía unos cuatro años y la imagen que me viene de él a la cabeza es la de un tipo guapo, con un bigotillo fino, de pelo gris y con pinta de galán de cine en su madurez; lo recuerdo sentado en la mesa del comedor de su casa jugando al dominó con mi abuela. El poco tiempo que compartí con él no fué suficiente para que me hiciera partícipe de su amor por la fotografía, en caso de que lo tuviera, porque creo que la ejerció más como oficio o como medio de supervivencia que como un arte.
La cuestión es que en mi familia somos muchos los que hemos hecho de la fotografía nuestra afición. Me gusta ver a través de un visor porque siempre descubro cosas que no se ven a simple vista. Quizás padezco de una suerte de miopía existencial que me obliga a poner un filtro entre la realidad a pelo y lo que experimento. Quizás la cámara, la lente, es ese filtro.
Hago fotos desde que era muy joven. Mi primera cámara decente fue una Pentax P30N que aún conservo, y que aún uso de vez en cuando. Me la regaló mi padre cuando cumplí los catorce años. Pero antes ya había comenzado a hacer fotos, instantáneas con cámaras compactas que no me dejaban mucho margen de maniobra pero que me enseñaron las primeras nociones de cómo hay que mirar.
En el pasado hice algunos trabajos profesionales que si bien no pagaban dignamente, me servían para sentirme importante por eso de ver mi nombre impreso en algún disco, o en alguna publicación: La Voz de Galicia, Tiempo, El Día, incluso he publicado (de casualidad) en el USA Today!...
Ahora, más de veinte años después, sigo adorando la fotografía. Me sigue gustando observar lo que me rodea a través de una lente, y como a casi todos los fotógrafos, odio sacarme fotos. Cuando tengo una cámara delante me siento segura, y protegida del entorno. Parece una tontería, pero si preguntan a cualquiera que se dedique a esto, coincidirá conmigo. Me sigue gustando hacer retratos, intentando sacar algo tan tópico como el interior de la gente a la que fotografío. No soy una buena fotógrafa, pero con el tiempo, he aprendido pequeños trucos, y tengo el oficio necesario como para conseguir imágenes correctas.
El oficio de la luz, lo llaman. Un nombre muy poético. Bohemio incluso en los tiempos que corren, en los que se nos va borrando el olor a revelador de nuestro disco duro, en los que no esperamos ansiosos a ver el resultado de nuestro trabajo, y en los que el entrañable clac clac de los obturadores mecánicos, ha sido sustituído por un fsssssss aséptico y nada evocador.
"Para mí, las fotografías tienen una realidad de la que carecen las personas. Conozco a éstas a través de aquéllas". Richard Avedon
"He capturado la luz, he detenido su vuelo". Louis Jacques Mandé Daguerre




Palais du Papes















Café con vino, menuda mezcla

Este fué café de despedida



